22.8.06

El Odio y El Simbolo


(detalle)

Al ver la carta de amor que custodio con recelo y ternura, un amigo que visitaba las tierras, otrora Moras, me ha contado que encontró unos símbolos muy similares a los que compré hace algunos años en Buenos Aires. El papel de estos símbolos parece más auténtico que el de mis símbolos de amor. Lo que hace surco de la memoria, es que este amigo fotógrafo me ha querido convencer de que los símbolos encontrados en la península más árida del olvido y la conquista, son símbolos de odio. Al parecer la raíz de las cartas rescatadas es la misma. Una leyenda se empeña en dar al amor su esencia, y otra se empeña en dar la sustancia de los símbolos a la palabra odio. Decida usted.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

No sería de extrañar que los simbolos del odio y del amor tuvieran la misma raíz.. El límite entre el odio y el amor puede resultar milimétrico, a veces hay que diferenciarlo con lupa, se puede hasta jugar rayuela,...dos amor, tres odio, cuatro amor, cinco odio, y así y así.., entonces depende de donde caiga la piedrita?...decide uno?... no se.

julia dijo...

Odio y Amor no son contrarios.
Lo contrario del Amor es el Miedo.

Anónimo dijo...

Soy mauricio, para que no digas que no vine. Nada mas me dio una pereza terrible registrarme en una cuenta mas y seguir quemando mi aterrada uniclave de acceso cibernetico.

Entre en amor y el odio se han trabado ya demasiados paralelismos y se han conjeturado demasiadas conexiones. Decir que son opuestos, como pretender que cualquiera de los dos tuviera un contrario, sería una simplificación imperdonablemente diametral. Decir que son lo mismo sería un intento fallido de sinonimización, pero qué palabra mas fea.

La dura y elusiva verdad es que son dos cosas simplemente diferentes (para definiciones bien parcas ahí está el diccionario), dos dimensiones independientes de la emoción humana. Que se les cruce tantas veces el camino en este mapa incierto de nuestros corazones y cerebros infinitos no sería menos que lo más esperable.

Yo propongo que al menos por un par de días dejemos al amor y al odio vagar libres de ser lo que son, sin atarse a esta nefasta urgencia humana de circunscribirlas constantemente, sea entre fotos, entre recuerdos o garabatos.

dc dijo...

Odio por un lado, amor por el otro...cada quien determinará por su experiencia la interpretación de los símbolos...
De todas formas...lo que para mi es amor, para vos son ataduras que te producen tristeza y la tristeza se convierte en odio. Para mi tu libertad, tu tiempo y tus prioridades son tristeza, y la tristeza se transforma en odio...
Amor y odio son distintos, pero ambos pueden dejar una sensación similar en tu corazón...bien lo han dicho ya, a veces es odio, a veces es amor...para mi es amor, para vos es odio...
Ich vermisse Sie...

Neix dijo...

La verdad que esta super interesante que te hayan enfrentado a esto, por que si bien es cierto en el momenton en que lo compraste e incluso que lo pusiste en tu linda página, era amor, te trajo a la memoria quizá momentos de "amor". Pero si tal vez llegamos mas adentro de esos recuerdos, no hay odio también? yo diría que si, son dos cosas que van de la mano, no se pueden separar, no son contrarios, van juntos siempre, en determinado momento se cruzan, en otro momento van paralelos, pero ahi estan, creo que no esta tan equivocado este amigo tuyo...por otro lado, creo que no es algo que podamos decidir, en muchas ocasiones, ni tan siquiera podemos degustar la diferencia, no se.....

Ksiopea dijo...

Lo contrario al amor es la indiferencia!

Anónimo dijo...

Vean que bonito lo que me encontré: es un modelo matemático de la relación entre el amor y el odio. Se llama el modelo de proximidad o distanciamiento. Y se rige por las siguientes definiciones:

Proximidad o distanciamiento "D": la distancia a la cual una persona desea estar de la otra. Si D es cero para ambas dos personas dadas, tenemos una gran proximidad, muy posiblemente con cierto deseo de interpenetración. Si D es muy grande, estamos ante dos seres que no quieren ni verse.

Nótese que D no necesariamente es mutuo. Por ejemplo un hombre puede experimentar una proximidad de 5 centímetros por una mujer y esta correspondientemente asignarle al hombre un D de 50 kilómetros. Además D varía con el tiempo.

El Límite de Con-Vivencia "V". Cuando la distancia D es menor que el límite V, una persona se siente tan próxima a la otra que desea convivir, es decir, vivir juntas, compartir un espacio. Manifestación típica del amor.

El Límite de Con-Finamiento "F", es lo más lejos que dos personas pueden efectivamente estar. Cuando D es mayor que F, significa que quisieran estar aún más lejos de lo que es posible, lo cual conduce a la agresión (tratar de poner por la fuerza a su contraparte fuera de la zona de confinamiento). Manifestación típica del odio.

La separación básica "S". Esta es la distancia promedio a la que dos personas realmente están.

El amor "A" y el odio "O" son dos cosas complicadísimas que nadie entiende. Para efectos del modelo son simplemente factores que determinan la proximidad D, según la siguiente ecuación:

D = S * (1+O) / (1+A)

Así, cuando el amor es mayor que el odio, la gente quisiera estar más cerca de lo que normalmente está y viceversa. Por supuesto la gente puede actuar al respecto y modificar S, lo cual produce una reconfiguración del sistema.


Ejemplo 1

En relaciones de comunidad (por ejemplo, una ciudad), el límite de convivencia individual V es como del tamaño de un cuarto (5 metros) y el de confinamiento F es como del tamaño de la ciudad (digamos 10 km).

Para dos personas que sienten absoluta indiferencia (A=O=0), su proximidad D será igual a S (por ejemplo 1 km), lo cual se encuentra dentro de los límites de convivencia y de confinamiento. Así que seguirán como están, no pasa nada.

Pero si de pronto el amor "A" empieza a crecer, automáticamente D empieza a disminuir, quieren estar más cerca. Si en determinado momento A crece tanto que D cae por debajo de 1 metro, es muy probable que tengamos sexo (simplificamos el modelo quitando el factor Lujuria, por supuesto lo podríamos incluir).

Si los valores de A y O se mantienen consistentemene (ojo que varían con el tiempo) en niveles que produzcan un D menor que el límite de convivencia (5 metros), esta gente se van a vivir juntos.

Nótese sin embargo que si la separación básica es de 100 km (por ejemplo, si viven en ciudades diferentes) se necesita mucho más amor para que D caiga por debajo del límite de convivencia.

Pero ojo: si se casan, el sistema se reconfigura. Se establece una relación matrimonial y el límite de confinamiento se reduce al tamaño de la casa, digamos 20 metros. Nótese que ahora V y F están peligrosamente cerca, dejando un margen muy estrecho para oscilaciones en la relación.

Así si por ejemplo la mujer empieza a detestar que el marido le sea infiel, o no recoja la ropa sucia, o viceversa, aumenta "O". Aún si el nivel de amor se mantiene igual, aumenta D y con un límite F tan bajo, podríamos ver una agresión en cualquier momento.

Es muy interesante observar que dos personas que normalmente se llevarían bien, con niveles de odio y amor razonables, podrían ser conducidas a la agresión con sólo reducirlas a un estado de confinamiento (D>F), aún si se siguen amando y odiando lo mismo que antes.


Ejemplo 2:

Nota: Cuando se trata de relaciones entre muchas personas al mismo tiempo, se suma el amor y el odio de cada uno.

Los árabes y los judíos, mendiante brillante intervención de la ONU están confinados en distancias del orden de los 100 km, con un nivel de amor como de 0.1 y un odio de 100.000 lo cual produce un D de más o menos 9.000 km. O sea, su estado normal es de agresión.

Si los ubicáramos, por ejemplo, unos en Groenlandia y los otros en Australia, tendríamos un límite de confinamiento F mayor que D y probablemente cesaría la agresión.

Asímismo, si pudiéramos revertir sus niveles de O y de A, podríamos igualmente lograr un D menor que F y alcanzar lo que a nivel sociopolítico se conoce como paz.


Un abrazo,

Mauricio Ventanas

julia dijo...

No es tan denso. Es simple. Todo es simple...dar vueltas y vueltas para llegar a lo mismo: todos queremos ser amados y amadas y necesitamos amar.

Anónimo dijo...

Sí... cuánto quisiéramos a veces que el amor fuera algo tan simple, como dar vueltas, como amar y ser amado, como una ecuación, no importa cuán densa y circular.

Pero luego qué sería de la poesía. Y luego qué sería de del amor sin la poesía, y finalmente qué sería de nosotros sin ninguno de los dos.